Wednesday, July 23, 2014

Entrevista para En Cubierta (España)


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Me hicieron una entrevista para la revista de e-books En Cubierta (España) acá la pueden leer.

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Tuesday, July 22, 2014

Ayn Rand y Princess Donna

(Ayn Rand)

 (Princess Donna)

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Escribí este breve ensayo para revista PACO sobre dos mujeres que admiro.

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Wednesday, July 16, 2014

Curso: Estoicos



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Idea:

Cuatro escuelas de filosofía -epicureísmo, estoicismo, cinismo y escepticismo- surgen en el marco del denominado período helenístico: desde el surgimiento de Alejandro Magno hasta el Imperio Romano -de finales del siglo IV a.C a finales del siglo I a.C –el suicidio de Cleopatra en el 30 a.C suele establecerse como el final. El rol de la filosofía y del filósofo deja de ocupar el centro de la escena como ocurría en el siglo de oro de Pericles, con las figuras de Sócrates, Platón y Aristóteles, y pasará a tomar una posición mayormente privada –lo cual no quiere decir que carezca de interés político-, cosmopolita –al tener contacto con otros centros como Macedonia, Siria y Egipto- y centrada en la terapéutica –el modo de vida, la conversión existencial-: una ética, en definitiva, como cultivo del yo. Dentro de ellas, el estoicismo era esencialmente la filosofía reducida a la ética pura. La doctrina estoica sea en su escuela griega -año 300 a.C, luego de la muerte de Alejandro Magno- como en su renacimiento en la Roma Imperial -con Marco Aurelio, Epícteto y Séneca- era dos cosas: 1) un método de auto-transformación, 2) un camino hacia la felicidad individual.
   El resurgimiento del estoicismo a partir de los años 80 se da a través de la lectura de Michel Foucault en sus cursos finales del College de France y en sus últimos libros. Este neo-estoicismo contemporáneo de la mano de Foucault, y también a partir de Pierre Hadot y Paul Veyne adquiere fuerza. Las razones del neo-estoicismo -y también del neo-epicureísmo-, de alguna manera, implican el reposicionamiento del yo como único apoyo frente al peligro del mundo exterior. Ni Dios, ni naturaleza, ni tradición, ni imperativo categórico: sólo el yo. Ese repliegue hacia el yo implica una suerte de inmunización y una protección frente al mundo fragmentado (otrora el Imperio Alejandrino), en tensión y guerras.
   El estoicismo veía en la vida la manifestación de la verdad. La vida filosófica desaparece por dos motivos -que Foucault señala en su último curso-: 1) la confiscación de la verdadera vida por parte de la Iglesia en el medioevo: del filósofo al santo, 2) la institucionalización del decir veraz por parte de la Universidad en la Ilustración: del filósofo al profesor de filosofía. Sin embargo, con el Renacimiento vuelve, a través de Montaigne y Spinoza, el concepto de arte de vivir y luego sigue con figuras como Nietzsche y el propio Foucault. Sobre todo ello transitaremos en el curso.

Programa:

Clase 1. Estoicismo en Atenas: La Stoa
Bibliografía:
Zenón de Citio, Cleantes, Crísipo de Soli, Panecio y Posidonio, Fragmentos

Clase 2. Estoicismo del Imperio Romano: Séneca
Bibliografía:
Séneca, Epístolas morales a Lucilio.

Clase 3. Estoicismo del Imperio Romano: Epícteto y M. Aurelio
Bibliografía:
Epícteto, Disertaciones a Arriano.
Marco Aurelio, Meditaciones.

Clase 4. Neo-estoicismo contemporáneo: Michel Foucault
Bibliografía:
Michel Foucault, El uso de los placeres. Historia de la Sexualidad II
Michel Foucault, El cuidado de sí. Historia de la Sexualidad III

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Duración: 4 clases
Costo: $ 400 (incluye material de lectura y una copa de vino por clase). 


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Monday, July 14, 2014

Filosofía Sub 40 2° Edición



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Un breve extracto de la participación que tuvimos en el programa Leer es un placer de Natu Poblet. Hablamos sobre la 2° Edición del Concurso Filosofía Sub 40. 

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Sunday, July 06, 2014

Entrevista a Miguel Grinberg



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Entrevisté a Miguel Grinberg a raíz de la edición de su libro Memoria de los ritos paralelos (Caja Negra). 

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Friday, July 04, 2014

Seminario Virtual: Nietzsche



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Idea:

Si Friedrich Nietzsche viviera hoy sería testigo que su filosofía es una realidad evidente. Todo lo que pensó y escribió en el siglo XIX se ha hecho tan perceptivo y concreto que aun no podemos darnos cuenta de ello. Vivimos un mundo nietzscheano. ¿Eso que quiere decir? Que habitamos una realidad donde la verdad es una perspectiva y no una idea intangible, donde nuestra mirada es siempre parcial y cambiante. Que nos encontramos inmersos en un tiempo dónde no sólo dios ha muerto, vale decir, los valores inmutables y eternos, sino también el sujeto universal y todo gran relato que nos englobe y que diga que progresamos hacia un futuro mejor. ¿Eso quiere decir algo malo para nosotros? No, al contrario, quizá sea una oportunidad inmejorable para vivir nuestro deseo con responsabilidad.
   La filosofía de Nietzsche es un pensamiento desde, para y por el cuerpo; la vida es irreductible a toda categoría de la modernidad, de allí su vitalismo. Un pensamiento del presente que concibe a la voluntad de poder como condición de posibilidad de lo real. Un pensamiento anti-utópico que cree que la existencia debe ser afirmada continuamente. Un pensamiento que considera a la guerra –es decir, el conflicto, los problemas, la falta, la tensión- como una propiedad de lo realidad y no un error a modificar. La filosofía de Nietzsche propone un estilo de existencia radical que aun hoy resulta chocante e intolerable para algunas personas que prefieren la ilusión o la mentira del idealismo: un engaño vano, que tarde o temprano se hace visible con la dureza de la vida o por medio de síntomas (neurosis no resueltas). La filosofía de Nietzsche está construida con el martillo y la danza, con el músculo y la gracia, con la fisiología y la estética, a saber: su vigorosa vitalidad, su deseo celebrante, su colosal ambición de más vida, su exhibición de lo instintivo y animal, su rechazo de toda fuerza reactiva que atente contra el despliegue de la existencia. Es un pensamiento que cree que el poder más que una estrategia de dominación –aunque también lo sea- es, sobre todo, una relación inmanente –y transformable- que determina la vida; es un pensamiento que cree que estamos determinados por cierto destino trágico (la muerte, condicionantes biológicos y sociales) y por ello debemos sujetarnos el devenir (amor fati). Una filosofía que propone desterrar los valores reactivos, que desprecian la pulsión de vida –propios del nihilismo platónico/cristiano- y encarnar en nuestras existencias los valores activos. En resumen: una filosofía que afirma la plenitud existencial tal como es (con el dolor y la finitud) y ama el destino –su condición trágica- con sensualidad y alegría.     
   En este curso veremos toda la filosofía de Nietzsche dividida en cuatro etapas que también son cuatro momentos de un mismo día: 1) la noche romántica, 2) la mañana ilustrada, 3) el mediodía profético, 4) la tarde vitalista.

Programa:

1.     De la noche romántica a la mañana ilustrada
-         A) El principio trágico: Apolo y Dionisos.

Bibliografía:
El origen de la tragedia (1872), trad. E. Ovejero Ymaury, Ediciones Siglo XX, Buenos Aires, 1992.

-         B) Espíritu libre: anti-platonismo y nihilismo.

Bibliografía:
Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres, trad. Alfredo Brotons Muñoz, (1878), Akal, Barcelona, 1996.  


2.     Mediodía profético
-         A) Muerte de dios y afirmación de la vida.

Bibliografía:
La gaya ciencia, trad. Charo Crego y Ger Root, (1882), Akal Bolsillo, Barcelona, 1988.

-         B) Superhombre: del camello al león al niño.

Bibliografía:
Más allá del bien y del mal, trad. Andrés Sánchez Pascual (1883), Hyspamérica Ediciones, Barcelona, 1983.
Así habló Zarathustra, trad. Juan Carlos García Borrón, (1885), Planeta Agostini, Barcelona, 1992.


3.     Tarde vitalista
-         A) Origen extramoral de los valores: bueno, culpa e ideal ascético.

Bibliografía:
Genealogía de la moral, trad. Andrés Sánchez Pascual (1886), Alianza Editorial, Madrid, 2001.


-         B) Transvaloración, amor fati y gran salud.

Bibliografía:
El Anticristo, trad. Andrés Sánchez Pascual (1887), Alianza Editorial, Madrid, 2001.
Ecce Homo, trad. Andrés Sánchez Pascual (1888), Alianza Editorial, Madrid, 2001.


Bibliografía complementaria:
Abraham, Tomás, El último oficio de Nietzsche, Editorial Sudamericana, Buenos Aires,  1996.
Brandes, Georges, Nietzsche. Un ensayo sobre el radicalismo aristocrático. Trad. José Liebermann, Editorial Sexto Piso, México DF, 2004.
Campioni, Giuliani, Nietzsche y el espíritu latino, trad. Sergio Sánchez, Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2004.  
Chamberlain, Lesley, Nietzsche en Turín, trad. Alberto Luis Bixio, Editorial Gedisa, Barcelona, 1998.
Colli, Giorgio, Después de Nietzsche, trad. De Carmen Artal, Anagrama, Barcelona, 2000.
Enguita, José Emilio Esteban, Fragmentos póstumos sobre política de Friedrich Nietzsche, Editorial Trotta, Madrid, 2004.
Halevy, Daniel, Vida de Nietzsche, trad. Ricardo Baeza y Jorge Zalamea, Emecé Editores, Buenos Aires, 2000.
Heidegger, Martin, Nietzsche, trad. Juan Luis Vermal, Destino, Barcelona, 2000.
Klossowski, Pierre, Nietzsche y el círculo vicioso, trad. Roxana Páez, Editorial Altamira, La Plata, 1995.
Nehamas, Alexander, Nietzsche. La vida como literatura, trad. Ramón J. García, Fondo de Cultura Económica, México DF, 2002.
Ross, Werner, Nietzsche, el águila angustiada, trad. Ramón Hervás, Paidós, Barcelona, 1994.
Ruiz Callejón, Encarnación, Nietzsche y la filosofía práctica. La moral aristocrática como búsqueda de la salud, Universidad de Granada, Granada, 2004.
Safranski, Rüdiger, Nietzsche. Biografía de su pensamiento, trad. Raúl Gabás, Tusquets, Barcelona, 2001.
Salomé, Lou Andreas, Friedrich Nietzsche en sus obras, trad. Luis Fernando Moreno Claros, Editorial Minúscula, Barcelona, 2005.
Steiner, Rudolf, Nietzsche. Un luchador contra su época, trad. Miguel López Manresa, Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 2000.

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Sunday, June 29, 2014

Ensayos barrocos de J. Lezama Lima


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(Suplemento Cultura, Diario Perfil, 29 de junio de 2014).


Si la estimulación viene de la dificultad, tal como se lee en la primera línea de La expresión americana (libro de 1957) del poeta cubano José Lezama Lima, entonces, la resistencia produce cierta sensualidad. El mentado barroco que transitó Lezama, junto a otros exponentes –Sarduy, Piñera, Cabrera Infante- no es sino la encarnadura de esa estética del exceso, la disonancia, la culinaria, la negritud, la emancipación, la música y la sexualidad. La erótica del barroco cubano quizá se haya corporizado en la obra poética y ensayística lezamiana entre esa tensión voluptuosa y perpetua que va de la resistencia al hedonismo.
   La edición por vez primera de los Ensayos barrocos (Colihue), con selección y prólogo de Horacio González, es un acontecimiento mayor que incluye en el volumen al citado texto más otros tales como La imago y las eras imaginarias, Figuras –piezas literarias sobre Valéry, Góngora, Thomas Mann, José Martí, Humboldt, Saint John-Perse, Cortázar, Ernesto Guevara, Ortega y Gasset y José Clemente Orozco- y artículos donde destacan reflexiones sobre el gnóstico americano, la radio y televisión popular o la revista Orígenes.
   El bricolage literario de Lezama Lima es perceptible en sus obras magnas (Paradiso, en 1966, por  citar un caso canónico) pero hace nido en su ensayística de modo contundente: el barroco, el andamiaje sensual o la epidermis del placer de la forma, el gorjeo sonoro de las palabras o el deleite en la mera estetización de un concepto que vibra, a su vez, con un nombre que, aunque suene antitético, se prende desde un ensayista argentino: Martínez Estrada. En el prólogo, Horacio González lo demarca con lucidez: “Hedónico, Lezama imagina que en la poética americana e hispana –siempre principalmente la primera- hay sustentos íntimos en lo que llama el banquete literario”. Más adelante señala: “La escritura de Lezama se asemeja al ensayo, pero lo escrito además de ser el fruto de una tensión insoportable, debe dejar el sentimiento de un soplo artístico en todo lo que se dice. Pero hay algo que se traspasa y reencarna, mixtura de dioses y demonios, espíritu creador erotizado que es el filamento de una época que se desborda a sí misma, ese logos spermatikós que Lezama comparte con su contemporáneo Ezequiel Martínez Estrada, aunque en el argentino con acento más fatalista y un andar no tan hedónico cuando sentencioso, anatemizante”.
   Efectivamente, hay en los ensayos barrocos de Lezama un logos spermatikós, es decir, fecundador, libidinal, como en Martínez Estrada y Lugones –también atravesados por la vaina barroca en el Plata- pero en éstos ya con giros lacerantes, violentos. En Lezama el concepto filosófico se mece en la prosa festiva y del goce. Lezama escribió en la Cuba prerrevolucionaria y en su léxico siempre estuvo ausente esa verba mesiánica. Su lenguaje –su poética e ideas, al fin- está atravesado por otros cultos –eleusis, órficos, el barroco, gastronómicos-; aquí la transfiguración del mito se da a partir de los cuerpos en lo que da en llamar la ‘curiosidad barroca’, esto es: la ascética de Loyola, la pintura de Rembrandt y El Greco, las fiestas de Rubens, el champagne (sus  burbujas y bucles), la fuga de J.S. Bach, la ética de Spinoza. En este señor barroco hay algo de Narciso, es lógico, así dice Lezama: “Bien instalado en el centro de su disfrute, el paisaje recobra una imantación más poderosa y demoníaca. El hombre desplazado de su centro, vuelve a él, aunque su paisaje se muestre irreconciliable, ya para siempre lejano”. Esa excentricidad que propicia el barroco no es más que la constatación de la disonancia y la lejanía de lo clásico y europeizante. Elementos: lo afro-americano, lo indígena, incluso lo hispano (transmutado por el contacto con lo no europeo), todo ello le da la consistencia proteica al ensayo lezamiano que es presa propicia de ese Caribe vitalista.
   El filósofo alemán Oswald Spengler es citado por Lezama. Célebre por su título lapidario que lo consagró: La decadencia de Occidente, de 1922. La apelación a Spengler y sus tesis del ocaso lo toca al poeta, lo interpela, para iluminar otros territorios que saben más de sus pasos: el barroco es la estética emancipadora que encuentra en su ensayística la forma predilecta. No casualmente también, desde la cuenca del Plata, autores como Osvaldo Lamborghini y Néstor Perlongher alimentaron el fuego de esta saga al calor del enchastre, el limo y el barro rioplatense. Vale decir, la apertura lezamiana llega hasta la tradición argentina con el mismo ideal libertario. En el artículo sobre Ernesto Guevara, dice el poeta: “Donde quiera que hay una piedra, decía Nietzsche, hay una imagen”. La imagen es el principio del mito. Fundación y nuevo comienzo. No hay retórica revolucionaria en Lezama, hay germen de una política del deseo. La cima del ensayista, se podría decir. El ensayo es el género de la piel. 

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